jueves, 6 de abril de 2017

    Las bases de la inteligencia artificial

    Todo empezó allá por 1927 de la mano de Metrópolis, un film de Fritz Lang que juega con la doble identidad. Recordad como María, la líder de la revolución de los trabajadores contra las élites económicas que les esclavizan, finalmente descubre que es un robot. Como sabemos, la inteligencia artificial (IA) ya no es ciencia ficción ni una promesa futura. Es una realidad que ya está influenciando en nuestras decisiones, nuestra seguridad o nuestros tratamientos médicos. Las máquinas todavía no tienen una inteligencia generalista ni se ha logrado dotarlas de sentido común pero disponen de inteligencias específicas, para tareas muy concretas, que superan la eficiencia de la inteligencia humana. Y eso está suponiendo una ola de adopción entusiasta de la inteligencia artificial en muchas áreas de nuestra vida sin que estén claros los límites éticos y legales de esta tecnología.
    ¿Como podemos sensibilizar a la sociedad de los beneficios y los riesgos que implica el desarrollo de la inteligencia artificial?. ¿Como comprometemos a quienes la diseñan, la implementan o la utilizan con principios de prudencia, transparencia, responsabilidad y fiabilidad, entre otros?. ¿Como se sientan las bases para que distopías como Metrópolis, Blade Runner o Matrix nunca lleguen a ser una realidad?

    En su declaración, los expertos no dejan lugar a dudas sobre los beneficios y la importancia que la IA tiene para el futuro de la economía y del funcionamiento de la sociedad europea, y por ello consideran que la Unión Europea debe apostar fuerte por ella, creando una red de laboratorios de alto nivel, proporcionándoles financiación, promoviendo la formación de ingenieros especializados en este ámbito y el desarrollo de plataformas de recursos abiertos para la investigación. Pero al mismo tiempo reclaman prudencia, la implementación de requisitos muy estrictos tanto a la hora de investigar como de utilizar las aplicaciones de IA para garantizar su fiabilidad y seguridad, tarea que creen que podría desempeñar la Agencia para la Robótica y la IA que quiere crear el Parlamento Europeo. Los especialistas en la materia enfatizan que los sistemas de IA no sólo tienen capacidad para tomar decisiones en el mundo digital, sino que cuando están incrustados en sistemas físicos –por ejemplo en un coche– tienen el potencial de actuar en el mundo real, por lo que es necesario “tener reglas claras” que restrinjan sus comportamientos y que aclaren quién es responsable de sus fracasos o de sus errores.

    Debemos dotar de transparencia la forma en que las máquinas toman sus decisiones y los datos que manejan de cada persona. Los sistemas de IA han de rendir cuentas porque están influenciando nuestras decisiones y comportamientos, dado que sistemas basados en datos se usan ya para conceder o no un préstamo, para facilitar o no una póliza de seguro, para seleccionar nuestras compras, condicionar nuestros viajes o incluso nuestras opiniones políticas. Los algoritmos que rigen internet manipulan los resultados de las búsquedas y ofrecen una respuesta a cada usuario en función de su perfil, y esa información que recibe influye en su manera de ver el mundo, de modo que los resultados de las búsquedas –noticias, libros, destinos de viaje...– tienen consecuencias sobre la opinión pública, que cada vez está más fragmentada y polarizada. Toda esta autonomía puede ser un peligro para la democracia en un contexto en que la emoción y las creencias tienen más influencia que los hechos objetivos en la toma de decisiones.
    La preocupación por el desarrollo futuro de la IA se centra en los chatbots –sistemas de software que simulan conversaciones por internet y en las redes sociales– que manipulan la opinión pública propagando hechos falsos o información maliciosa, o que se usan para conseguir datos sobre la identidad de las personas con quien se contacta. La IA ha permitido que esos chatbots sean lo suficientemente realistas para que los usuarios confiados no sean capaces de hacer una distinción y sean engañados. ¿Son los chatbots la punta del iceberg del chatbots de nuestra realidad?
     

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